Investigan resistencia a desparasitantes en ovinos

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La Escuela de Medicina Veterinaria investiga la resistencia a desparasitantes en ovinos, provocada por malas prácticas en el uso de estos medicamentos en fincas de pastoreo. 



 

Las malas prácticas en las fincas de pastoreo en cuanto al uso y manejo de los desparasitantes en ovejas ha provocado que el abordaje de la parasitosis sea un problema a nivel mundial. Por esa razón, la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad Nacional (EMV-UNA), mediante recursos del Fondo Institucional de Desarrollo Académico (Fida) ejecuta la investigación: “Determinación de la prevalencia de resistencia a benzomidazoles, lactonas macrocíclicas e imidazotiazoles de nematodos gastrointestinales de ovinos de carne de Costa Rica”.

 

Dicha investigación, a cargo de la tesiaria de sexto año de carrera, Isabel Castro, inició en el 2017 y se extenderá hasta el 2019. Además, el equipo de investigadores lo integran los veterinarios de la EMV Natalia Soto, especialista en ovinos, y Víctor Montenegro, parasitólogo.

 

Castro indicó que la parasitosis en ovejas hasta el momento solo se ha atendido con desparasitantes; sin embargo, las malas prácticas de manejo por parte de algunos productores provocaron la resistencia al medicamento, en especial porque las ovejas no tienen la capacidad de dar una respuesta inmune, a diferencia de otros animales de granja, y presentan periodos de mayor vulnerabilidad ante los parásitos, sobre cuando están en periodo de lactancia o en su etapa como corderos. 

 

Agregó que dado que en control parasitario solo se han utilizado métodos químicos, se llegó a un punto en que los parásitos desarrollaron resistencia a los desparasitantes disponibles en el mercado. “En Costa Rica solo contamos con tres familias de desparasitantes de amplio espectro que son los benzoimidazoles,  lactonas macrocíclicas y los  imidazotiazoles, que presentan resistencia”.

 

El problema se agrava, ya que a nivel mundial el más reciente desparasitante que se ofrece en el mercado, el monepantel, ya tiene resistencia y aún no está a la venta en Costa Rica.

 

La estudiante expresó que el proyecto se encuentra en la etapa de recolección de muestras en varias fincas ovinas del país, para determinar si hay o no presencia de parásitos multiresistentes, pues en la investigación anterior se dejó por fuera una de las tres familias de desparasitantes.

 

Uso sin control

 

Castro explicó que el principal problema se da con las ovejas en pastoreo, las cuales se alimentan con pasto en la finca, y a la hora de defecar el agente queda en las heces. Ahí el parásito sigue su proceso de vida y aquella oveja que comió pasto donde había excrementos se reinfecta, con lo cual mantiene vigente el ciclo infecioso.

 

“Parte de la malas prácticas en el uso del desparasitante se refleja cuando el productor desparasita a las ovejas por igual y sin pesarlas, lleva su hato a otra finca sin los exámenes necesarios o bien cuando se desparasita siempre con el mismo fármaco, lo cual genera la resistencia”.

 

La investigadora recalcó que para lograr una adecuada desparasitación, el productor ovino no debería desparasitar a todo su hato, porque en realidad no todos lo necesitan;  más bien debe atender aquellos con baja condición corporal, anémicos o a los que se les forme una especie de bocio (papada), siempre y cuando estas sean excepciones dentro de un grupo. Además, se debe suministrar una dosis de desparasitante de acuerdo con su peso.

 

“En algunos casos los propietarios confunden la parasitosis con una diarrea y recetan el medicamento, de ahí la importancia de realizar un examen con muestras de heces para conocer a fondo si el ovino presenta parasitosis o no”, dijo Castro.

 

Educación al productor

 

Datos del censo 2014 reportaron la existencia de 35.800 ovinos en el país, distribuidos en 1780 fincas en el territorio nacional.

 

Aunque no se ha determinado cuál es la región del país más afectada por la presencia de parásitos en las ovejas, la estacionalidad de las lluvias podría marcar alguna tendencia como lo es la zona Norte y Caribe, donde la mayor parte del año se presentan precipitaciones y las zonas de Puntarenas y Guanacaste en el periodo de lluvias.

 

Dada la resistencia a los desparasitantes, los productores se han visto en la obligación de estabular a los animales y evitar el pastoreo, por lo que los costos de atención  en la finca se incrementan de forma considerable. “El productor ovino en estos momentos debe invertir más mano de obra, infraestructura y controles, por lo que el precio se incrementa al consumidor final”.

 

Castro comentó que si bien la carne de cordero no es un plato común en la dieta del costarricense, existen en el país grandes cadenas de restaurantes y hoteles que ofrecen en su menú la carne de cordero. Según la clasificación europea, el cordero pascual es el ovino de consumo en Costa Rica, cuando su edad oscila entre seis y nueve meses y se peso aproximado es de 40 kg.

 

Castro indicó que en las visitas realizadas a las fincas se le informa al productor  y a los peones a cuál fármaco son resistentes o susceptibles los parásitos presentes en la finca, así como la forma adecuada de realizar la desparasitación.