Privados de libertad se gradúan en cultura de paz PDF Imprimir E-Mail

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54 residentes de la Unidad de Atención Integral  Reinaldo Villalobos Zúñiga, en San Rafael de Alajuela, se graduaron en los módulos de diagnóstico, nuevas masculinidades, cultura de paz y democracia participativa, como parte de un proyecto desarrollado por el Centro de Estudios Generales de la UNA y la UTN.



 

El Centro de Estudios Generales de la Universidad Nacional (UNA) y la Universidad Técnica Nacional (UTN), sobre la base de una visión humanista, decidieron conformar un equipo interdisciplinario integrado por profesionales y estudiantes, liderado por el académico de la UNA, Marco Feolli, con el objetivo de crear el proyecto UNA cultura de paz: abordaje ludopedagógico con personas privadas de libertad.

 

El pasado 4 de diciembre 54 residentes de la Unidad de Atención Integral  Reinaldo Villalobos Zúñiga, en San Rafael de Alajuela, se graduaron en los módulos de diagnóstico, nuevas masculinidades, cultura de paz y democracia participativa.

 

José Luis Bermúdez director general de adaptación social expresó que “para el Ministerio de Justicia es importante generar oportunidades de trabajo porque el ocio en  los centro penales es uno de los peores flagelos. El modelo de atención integral busca que se adquieran conocimientos y una formación que les permita la reinserción a la sociedad y sobre todo que tengan oportunidades laborales”, dijo José Luis Bermúdez, director general de Adaptación Social.

 

Para José Matarrita, director del área de Formación Humanista de la UTN, es importante brindar oportunidades y que existan personas que quiera aprovecharlas. “No estamos exentos de un error, pero estas experiencias no pueden denigrar a nadie, no se puede perder la esperanza ni el deseo de superarnos y mejorar cada día, y esto va más allá de lo económico y material, pasa por una dimensión espiritual en la búsqueda de encontrar el sentido a la existencia”.

 

El CAI San Rafael se caracteriza por recluir a 1066 personas que cumplen condena no mayor a ocho años por descuento de la misma y que tienen mayores posibilidades de egreso por haber desarrollado habilidades para la convivencia asertiva y competencias laborales.

 

“Todos merecemos una oportunidad, queremos demostrar que podemos ser parte de una cultura de paz, que nuestro procesos de cambio va a ser positivo aunque la sociedad nos diga que no podemos. Al igual que ustedes, tenemos muchos y no podemos borrar la imagen que la sociedad tiene de nosotros. Solo pedimos que nos permitan regresar para intentarlo de nuevo. No nos vean con prejuicio, somos personas que queremos marcar la diferencia”, dijo José Alfredo Chavarría Mora.

 

Thomas Lingenfelter Villiers destacó la importancia de este proceso de capacitación. “Mediante este proceso descubrimos la manera correcta de expresar nuestras emociones. Las emociones desenfrenadas repercuten de manera negativa en nuestra vida, pero si se saben manejar podemos sacar provecho de ellas”.

 

 

“Vamos a seguir impulsando este tipo de trabajos que incidan en la política pública para que podamos trabajar desde otra perspectiva. Ya estamos presentando un proyecto que integra a la población y el personal penitenciario para el reconocimiento de esos saberes populares, la experiencia también tiene que aportar, y el paso que sigue es reconocer esos saberes populares para que se integren a los equipos de investigación”, puntualizó Roberto Rojas, decano del CEG-UNA.


 

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