La desnudez del exilio PDF Imprimir E-Mail

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El historiador Mario Oliva, director del Idela y académico responsable del proyecto de investigación “Voces y rostros del exilio chileno en Costa Rica”,  impartió la conferencia inaugural  de las IV Jornadas del Exilio Iberoamericano, realizadas en la UNA.



 

“Ser despojado de una tierra, de una manera de ser, de una comunidad, ese sacar y salir de un país a otro, por la condición de exilio, provoca desnudez… Se queda el exiliado sin las condiciones en las que ha nacido, entonces su identidad es destrozada, fragmentada, y tiene que rehacer cosas, reinventarse; eso es parte de esa desnudez…” 

Así describe el historiador Mario Oliva, académico responsable del proyecto de investigación “Voces y rostros del exilio chileno en Costa Rica”, la desnudez que implica el exilio. 

 

Con la convicción de que “el exilio es sufrimiento, algo que no es un momento dorado para quien lo vive”, es que este estudio permite, desde un abanico de testimonios y fuentes diversas, no solo analizar este fenómeno, sino comprenderlo y acercarnos al ser humano que hay detrás de un exiliado, como expresó Oliva.

 

Los resultados del proyecto de investigación “Voces y rostros del exilio chileno en Costa Rica”, desarrollado a lo largo de cerca de dos años en el Instituto de Estudios Latinoamericanos (Idela), fueron presentados en el marco del Coloquio Internacional IV Jornadas del Exilio Iberoamericano, celebradas del 24 al 26 de octubre pasado, donde Oliva ofreció la conferencia inaugural titulada “Los nombres del exilio”. 

 

En este evento, que contó con la participación de especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM-Managua), la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) y de La Habana, Cuba, se dieron a conocer los avances sobre estudios del exilio que se han efectuado en América  Latina y España desde la academia.

 

En el caso del exilio chileno, el investigador destacó que tiene algunas particularidades muy sobresalientes en un país de refugio como fue Costa Rica. “Hay que verlo en doble dirección, no son solamente los aportes de los chilenos sino también lo que los costarricenses han aportado a los imaginarios, a las construcciones de ese exilio chileno, en términos sociales, políticos, culturales”, advirtió el investigador. 

 

Explicó que siempre hemos destacado que los chilenos trajeron mucha cultura, teatro, danza, pintura, y que en la educación superior también hay un balance positivo en esa línea; pero—recalcó—también es preciso analizar lo que Costa Rica, en sus circunstancias, ofreció para  permitir que los chilenos pudieran hacer esos aportes. 

 

El estudio “Voces y rostros del exilio chileno en Costa Rica” recoge distintos testimonios y opiniones que sustentan esta perspectiva, entre ellas la del actual rector de la Universidad Nacional (UNA) Alberto Salom, quien afirmó que en Centroamérica, el país más importante para el exilio fue Costa Rica, debido a que para 1973 —luego de asestado el golpe de estado al entonces presidente de Chile Salvador Allende y de la toma del poder por parte de la Junta Militar liderada por Pinochet— en el resto del istmo imperaban las dictaduras militares.

 

Estas, por supuesto, no presentaban condiciones seguras para muchos profesionales chilenos quienes se vieron obligados a dejar su país ante la persecución política y el riesgo que corrían sus vidas y las de sus familias. Es así como Costa Rica—según Salom— “fue emblemático, muy importante para la inmigración chilena, después la argentina y la uruguaya”. 

 

La investigación contó con el apoyo del equipo académico integrado por integrado Ronald Obando, Diana Rojas y Marcela Ramírez, así como del estudiante asistente Marcelo Valverde. Entre los productos del trabajo investigativo destacan la próxima publicación del libro que recoge los resultados, un repositorio de datos y una memoria audiovisual tipo documental. 

 

Experiencia iberoamericana

 

En el actual contexto mundial, el tema del exilio cobra gran vigencia. No por casualidad, en el ámbito académico, se están multiplicanado los seminarios, los congresos, las jornadas, los coloquios, entre otros eventos relacionados con este fenómeno, como es el caso del Coloquio Internacional IV Jornadas del Exilio Iberoamericano, celebrado a finales de octubre pasado en la UNA.

 

El académico y director del Idela, Mario Oliva, reconoció que las reflexiones en torno al tema del exilio iberoamericano están recién comenzando, a pesar de que los exilios contemporáneos son de los años 70 del siglo pasado.

 

“Si eso lo incluimos dentro de los exilios a nivel planetario, me parece que es una necesidad conocer nuestras historias, nuestras experiencias y cómo se desarrollan estos comportamientos y estos procesos”, afirmó Oliva, quien hizo referencia a los datos alarmantes de éxodos masivos relacionados directamente con los exilios.

 

La conciencia sobre ese necesidad de analizar y comprender las subjetividades del exilio se reflejó en la temática compartida durante estas jornadas del exilio iberoamericano.

 

Entre las ponencias compartidas destacaron  Exilio republicano español: memoria e identidad, de Guiomar Acevedo López de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; El exilio centroamericano, a cargo de Miguel Ayerdis, investigador de la UNAN-Managua; El exilio de Rogelio Fernández Güell: una voz del maderismo, de Beatriz Gutiérrez Muller, investigadora de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), y Teodoro Picado Michalski. Primer presidente democrático exiliado, presentada por Carolina  Mora Chinchilla, de la Escuela de Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica (UCR), y Rodolfo Meoño, investigador del Idela-UNA.

 

 

 

 

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