La otra cara de la Ultra PDF Imprimir E-Mail

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Arrollado en una gran bandera morada, “Carlos” se despide de su esposa y sus pequeños de 2 y 4 años. Debe apurarle pues en una hora, su querido Deportivo Saprissa se jugará todo en Tibás, ante el herediano. 



 

Su lugar en el estadio no es cualquiera, porque el “hábitat” de la Ultra Morada es la gradería Sur. Allí muy cerca, un hombre no deja de tomar nota de todo cuanto ve. Mueve sus gafas oscuras de cuando en cuando. Es Onésimo Rodríguez, investigador del Instituto de Estudios Sociales en Población de la Universidad Nacional (Idespo-UNA). Durante 6 años estudió a la barra de aficionados saprissistas conocida como la Ultra Morada, la primera de su tipo en el país, cuyo faceta humana, por cierto poco conocida, revelaría tiempo después.

 

Algunos de los resultados de su investigación, concluida en el 2016, los compartió el pasado 10 de noviembre, durante la Conferencia La previa  y  la salida: ¿prácticas rituales en la Ultra Morada?

 

El nuevo aficionado

 

Hacen reuniones, fiestas, se agrupan en peñas, según su barrio de procedencia. Lo hacen desde 1995, año de su creación, inspirados en el modelo chileno, particularmente el de la barra de los cruzados de la Universidad Católica de Chile, equipo con el que del Deportivo Saprissa disputó la final de la Copa Interamericana.

 

Así se desprende del respectivo estudio: “algo interesante que encontramos es que la Ultra Morada es una barra compuesta, fundamentalmente, por jóvenes, a diferencia de las barras suramericanas, que irrumpen a mitad de siglo pasado. Son jóvenes que muestran una nueva sensibilidad, donde más que espectadores son activos constructores del espectáculo, leales al equipo, como ellos mismos dicen, en las buenas y en las malas, mientras que el aficionado común está más sujeto al rendimiento del equipo. Esto supone la emergencia de un nuevo aficionado”.

 

La previa: ¿rituales morados?

 

La recolecta de dinero, que hacen miembros de la Ultra Morada minutos antes del juego, la confección de lienzos y mantas, el ingreso de bombos e instrumentos de viento, los cánticos de deslegitimización hacia la barra visitante, al estilo de gritos de guerra, más que rituales, son performances estructurados del aliento, según la investigación mencionada.

 

 

En palabras de Mario Zúñiga, académico de la Escuela de Antropología de la Universidad de Costa Rica (UCR), “estos performances vinculados al fútbol, y el fútbol como fenómeno, juegan un papel importante en la Costa Rica contemporánea. Como lo dijera el comunicador Carlos Sandoval en su libro Fuera de juego, el fútbol está asociado directamente a la construcción de una nación, pues nuestra forma de imaginar a Costa Rica pasa mucho por cómo vemos el fútbol, y mucho del imaginario nacional es dependiente de las manifestaciones futbolísticas. Además, todavía la construcción de la masculinidad, la forma de hacerse hombre, hoy confrontada a raíz de las reivindicaciones de género, se explica en buena medida desde el fútbol”.

 

La salida: suramericanización del grito

 

Serpentinas, extintores, globos, cánticos, todo juega con tal de animar al Saprissa. La Garra hace lo suyo con el Club Sport Herediano, la Doce con la Liga Deportiva Alajuelense. Los expertos hablan de una suramericanización de las expresiones colectivas en estos grupos. “Los miembros de estas barras, normalmente estudian a sus similares argentinas, chilenas y brasileñas para adaptar a la suya elementos simbólicos, desde una foto del Ché hasta un rostro de Maradona”, concluyó Onésimo Rodríguez.

 

 

“Carlos” tiene la suya, porque asegura que como Maradona ninguno. Lo dice cabizbajo. Su equipo ha perdido el decisivo juego, pero eso poco importa, pues “el morado no destiñe”, sostiene.

 

 

 

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