Rector rindió cuentas sobre inversión en infraestructura en comisión legislativa

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En nombre de la UNA, universidad que ocupa el primer lugar en transparencia de las instituciones autónomas y semiautónomas, el rector Alberto Salom rindió cuentas sobre la inversión en infraestructura en la comisión legislativa de Ciencia y Tecnología.



 

El pasado 18 de octubre, el rector de la Universidad Nacional (UNA), Alberto Salom Echeverría, compareció ante los diputados de la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Asamblea Legislativa, donde rindió cuentas sobre la inversión en infraestructura en esta casa de estudios superiores.

 

El rector manifestó a los legisladores  su esperanza de encontrar en esa comisión el ambiente apropiado para que la UNA -primera universidad que ocupa el primer lugar en transparencia de las instituciones autónomas y semiautónomas, y la sétima institución pública según el ranking Índice de Transparencia en el Sector Público  de la Defensoría de los Habitantes y el CICAP-UCR- pudiera rendir cuentas del manejo presupuestario, sin que prejuicios, intereses políticos, desconocimiento o simple mala fe, empañaran la objetividad en el tratamiento de este asunto. 

 

Y es que –de acuerdo con Salom- el ambiente de crispación, derivado de las tensiones generadas por la discusión del plan fiscal 20.580 y la huelga nacional, ha impedido que la construcción de obras en la UNA –específicamente el proyecto artístico cultural Plaza de la Diversidad y Casa Estudiantil- haya sido vista con la objetividad que el caso amerita.

 

Luego de hacer un recuento de las inversiones en infraestructura realizadas por la Universidad Nacional desde sus inicios, cuando fungía como primer rector el Presbítero Benjamín Núñez, el rector manifestó que en la gestión que él encabeza, se le dio prioridad al diseño y construcción de las obras financiadas con un empréstico del Banco Mundial por $50 millones para cada una de las universidades públicas, debidamente aprobado por la Asamblea Legislativa.

 

Declaradas de prioridad institucional por el Consejo Universitario, estas obras en cuya negociación para adquirir el préstamo del Banco Mundial participó la anterior administración universitaria, en el caso de la UNA permitió el levantamiento de construcciones en todos los campus de la UNA, con un giro muy importante en los campus de las sedes regionales y la sección regional de Sarapiquí, dijo el rector.

 

No obstante, Salom destacó que al Centro de Investigación Docencia y Extensión Artística (Cidea), se le dio muy poco aporte en infraestructura, lo mismo que a la Vicerrectoría de Vida Estudiantil, toda vez que el Banco Mundial no considera estas áreas dentro de sus prioridades.

 

Proyecto artístico cultural 

 

En cuanto al proyecto artístico cultural Plaza de la Diversidad y Casa Estudiantil, el rector de la UNA afirmó que a la UNA se le han cuestionado básicamente dos cosas: la oportunidad de la inversión en tiempo de crisis y la calidad de la inversión que se realiza. Para Salom, se trata de un razonamiento muy curioso y prejuicioso. Hemos de suponer que ambos están relacionados –dijo- porque de lo contrario habría que pensar que algunas de las personas que objetan nuestra inversión están opuestas a toda inversión en tiempo de crisis. De ser así, -agregó- ¿qué hacemos con el resto de la inversión pública, la que se está ejecutando y la que viene en camino? 

 

Instó a pensar en el edificio legislativo, cuya construcción nadie duda que es una necesidad para la democracia costarricense, y se va a requerir una ampliación de recursos para su culminación. 

Además, -resaltó- otros proyectos de inversión pública, que nadie cuestiona son la ampliación de la ruta 1, la 32 y la circunvalación, los cuales están en desarrollo. Tampoco se cuestiona el sistema carcelario del Ministerio de Justicia, la infraestructura educativa para colegios, o el mejoramiento del aeropuerto Juan Santamaría, para poner solo algunos ejemplos.

 

“Como presumo que muy pocos cuestionarían las mencionadas inversiones públicas por el hecho de encontrarnos en crisis, no queda más remedio que pensar que el tema es sobre la calidad de la inversión. Aquí parece radicar el asunto. Esta es la primera vez que los críticos de la obra en la UNA pretenden obviar los mecanismos que la ley le ha otorgado a las universidades para desarrollar la academia e invertir los recursos, aun habiendo sido avalados por nuestro sistema académico; además del refrendo del órgano contralor en tres ocasiones”, subrayó. 

 

Reiteró que el proyecto artístico cultural Plaza de la Diversidad y Casa Estudiantil es una obra académica artístico-cultural con espacios estudiantiles de convivencia, como la reconstrucción de la soda comedor. 

 

A nivel nacional, -aseguró- estos espacios de convivencia han desaparecido o no se les otorga la suficiente importancia. Con este proyecto le estamos concediendo extraordinaria importancia a la creatividad, como lo argumenta la OIT, institución que publica un estudio en el que señala que empleos del futuro requerirán más que formación técnica. Hay una transformación del mercado laboral que le exige a la persona desarrollar nuevas competencias, como el pensamiento crítico, la creatividad, la curiosidad, la iniciativa, la capacidad para resolver problemas y la comunicación. Es por ende una obligación de la UNA abrir estos espacios de convivencia para potenciar la incidencia de nuestros profesionales en los nuevos mercados laborales”, recalcó.

 

 

La inversión en las actuales obras de la Universidad Nacional

 

El rector destacó que la programación de obras en la UNA no responde a criterios personales o de autoridad sino a un proceso que se plasma en el Plan de Mediano Plazo Institucional (PMPI). Hoy estamos ejecutando lo correspondiente al periodo 2017-2021.

 

En la elaboración de este plan –agregó- participan todos los sectores que conformamos la UNA (académicos, administrativos y estudiantes) mediante una metodología democrática y participativa. El proceso fue enriquecido con el aporte de quienes conforman los consejos de facultad, centro, sedes, sección y unidad académica, y los equipos de trabajo en las instancias administrativas, así como las representaciones estudiantiles.

 

Por consiguiente, el PMPI representa la esencia de la “Universidad Necesaria”, basamento fundacional de la UNA, se engarzó tanto con la misión, la visión, los principios y los valores institucionales del Estatuto Orgánico, como con el Plan de Mediano Plazo que lo antecedió (2013-2017). Esto quiere decir que el PMPI 2017-2021 no solo da continuidad, sino que representa un salto cualitativo con el pasado en materia de desarrollo para la academia.

 

De manera que esta inversión en obras no obedece a un interés particular de autoridad alguna en un momento determinado, sino a una planificación institucional y gobernanza de largo plazo.

 

En dicha planificación se prioriza y define la inversión que atiende las necesidades programadas donde las distintas áreas académicas tienen igual importancia.  No obstante, la inversión que las atiende no puede ser comparable ni homogénea; por ejemplo, un estudiante de artes o de medicina veterinaria requiere condiciones de infraestructura y equipamiento muy diferente del que se requiere en las ciencias de la administración o de lenguas.

 

Por su parte, el Consejo Universitario también fue informado por el Consejo de Rectoría y los organismos técnicos acerca de las inversiones que se iban a realizar, esta vez con recursos institucionales (los que provienen del FEES) y el Consejo Universitario lo aprobó.

 

Lo que sí ocurrió con las obras que están en construcción de la UNA, así como con las que están proyectadas, muy especialmente la llamada “Plaza de la Diversidad y Casa Estudiantil”, es que todas ellas han tenido varios refrendos por parte de la Contraloría General de la República (CGR). 

 

La CGR refrendó los presupuestos de 2017 y 2018, en  los cuales ya se había formulado este proyecto que hoy se objeta. En el 2017 este proyecto se sacó a licitación por primera vez, pero fue declarado infructuoso porque ninguna empresa se presentó al concurso. De ahí que fuera necesario volver a formularlo en el presupuesto del 2018.

 

Sobre las inversiones 2015-2018 y otros datos relevantes

 

Tomando en cuenta solo las obras del Banco Mundial, período 2015-2018, extraemos los siguientes datos del cuadro N. 3, que le hemos dejado a esta comisión:

 

El monto total de las obras en el período 2015-2018 estimado en colones es de 22.172.384.951,56 (PMI-UNA). El monto en obra pública (PMI-UNA), destinado a sedes regionales, con recursos del Banco Mundial (PMI), es de 6.266.672.504,35 millones de colones. Estas obras son: construcción de la cancha multiuso y camerinos en Campus Coto; construcción de residencias estudiantiles y obras deportivas en tres campus Pérez Zeledón, Liberia y Nicoya; así como construcción de residencias estudiantiles en Sarapiquí.

 

Por otra parte, los recursos institucionales (fondos FEES) presupuestados entre el 2015-2018, suman (cifra estimada), 33.854.124.315,04. Dichos recursos están divididos de la siguiente manera: Campus Benjamín Núñez, 2.508.339.392,70; Campus Omar Dengo, 21.361.601.812,70; otras obras (complejo San Pablo), 7.886.447.723,00; Sarapiquí, 821.458.534,64; Sede Brunca, 1.039.892.000,00; Sede Chorotega, 236.384.852,00. O sea, que la inversión en sedes regionales se ha fortalecido. Hay que añadir que, además, se han robustecido los recursos de operación en becas, la inversión en flotilla vehicular, y la ampliación de la oferta académica con la propuesta de carreras itinerantes en las sedes y en cantones de alta pobreza como Guatuso, Los Chiles y Upala.

 

Vale la pena complementar la información con otro cuadro que contempla la cantidad de estudiantes de primer ingreso matriculados del 2000 a hoy. La matrícula se incrementó de 2572 estudiantes en el 2000 a 3929 en el 2018. A esa cifra se debe agregar los estudiantes de primer ingreso que la UNA admite por la vía de interés institucional, la mayoría de los cuales son de las comunidades indígenas. En todas las sedes regionales, con excepción de la sección Sarapiquí, la matrícula creció.  Por lo tanto, la matrícula total de la UNA entre 2013 y 2018 creció gracias principalmente al aporte de las sedes regionales. El ascenso de este rubro es aún más vertiginoso si se parte del 2000 al presente.

 

En general la matrícula total ha sido creciente desde el año 2000 hasta el presente, pues pasó de 13.227 estudiantes al entrar el siglo a 19.647 en el 2017. Igualmente relevante y alentador es el dato del total de los graduados por año; en ese caso ascendieron de 2.569 en el 2000 a 3.671 en el 2017. El porcentaje de ocupación de nuestros graduados es muy alto, podemos decir que prácticamente no hay desocupación entre ellos, y la gran mayoría se emplea en trabajos de su profesión. La cifra de los estudiantes graduados en el tiempo estimado de la carrera es del 93% entre los estudiantes becados, o sea la población meta de la UNA.

 

 

 

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